Meritocracia: 5 razones para decir adiós a la rosca política

Meritocracia: Dr. Alex Opina celebra el fin de la rosca política y la llegada del Banco Nacional de Talentos
Dr. Alex Opina analiza la meritocracia como camino para cerrar la puerta a la rosca y abrirla al talento colombiano.

Contenido de esta columna

  • La meritocracia no es un adorno: es una forma seria de gobernar.
  • Por qué la rosca política destruye confianza.
  • El Banco Nacional de Talentos como señal de cambio.
  • Qué dice la Constitución sobre mérito y función pública.
  • Dicho en palabras sencillas.
  • ROARRR: cuando el talento le gana a la palanca.

La meritocracia no es un adorno

La meritocracia no puede ser tratada como una palabra bonita para discursos de campaña. La meritocracia, cuando se toma en serio, es una forma de ordenar el Estado, de dignificar el servicio público y de decirle al ciudadano común que su hoja de vida vale más que su padrino político.

Por eso respaldo la idea de decirle adiós a la rosca y darle la bienvenida a la meritocracia. En la alocución del 13 de julio de 2026, Abelardo de la Espriella puso sobre la mesa una propuesta que tiene un valor político y jurídico enorme: el Banco Nacional de Talentos de la Patria Milagro. No lo veo como un simple registro de hojas de vida. Lo veo como una declaración de principios: el Estado no puede seguir cerrado para los mismos de siempre.

Durante años, demasiados colombianos han sentido que para entrar al servicio público no basta saber, estudiar, trabajar, tener experiencia o amar la patria. Había que conocer a alguien. Había que tener una recomendación. Había que pertenecer a una rosca. Y cuando eso pasa, el Estado deja de ser casa de todos y se convierte en finca de unos pocos.

La meritocracia rompe esa lógica. La meritocracia le dice al profesional de provincia, al joven que estudió con esfuerzo, al técnico que conoce su oficio, al colombiano en el exterior que quiere regresar a servir, que existe una puerta. Y esa puerta no debe abrirse por amistad, apellido, recomendación o cuota burocrática, sino por capacidad.

La rosca política es la negación del servicio público

La rosca no es solo un problema moral. Es un problema institucional. Cuando la rosca manda, el mérito estorba. Cuando la palanca decide, la preparación queda en segundo plano. Cuando el cargo se entrega como premio político, el ciudadano termina pagando el costo de la improvisación.

Ese es el punto de fondo: la meritocracia no es únicamente buena para quien busca empleo. Es buena para el ciudadano que necesita un Estado que funcione. Una entidad pública dirigida por personas capaces responde mejor, planea mejor, atiende mejor y cuida mejor los recursos públicos.

La vieja política hizo mucho daño porque convirtió demasiados cargos en botín. Unos entraban por recomendación, otros por silencio, otros por obediencia al jefe político. ¿Y el ciudadano? A esperar. ¿Y el servicio? A deteriorarse. ¿Y la confianza? Al suelo.

Por eso este tema conecta con otras columnas que ya hemos venido trabajando en Dr. Alex Opina. La misma lógica de orden institucional que defendí en La seguridad del Tigre aparece aquí desde otro ángulo: seguridad, autoridad y mérito son piezas de una misma idea de Estado. Y la misma necesidad de comunicación oficial que defendí en Voceros oficiales: 3 razones para decir adiós al chisme zurdo también se conecta con esto: un gobierno serio ordena su palabra, su equipo y sus procesos.

Banco Nacional de Talentos: una puerta abierta al mérito

El Banco Nacional de Talentos puede ser importante porque ataca una herida cultural: la idea de que el Estado solo escucha al recomendado. Si se implementa bien, con reglas claras, trazabilidad, transparencia y filtros técnicos, puede convertirse en una herramienta poderosa para hacer visible el talento colombiano.

La propuesta anunciada habla de una plataforma digital de reclutamiento basada en mérito, con registro de hojas de vida, clasificación de perfiles, uso de tecnología e inteligencia artificial y conexión entre capacidades reales y necesidades del Estado. Esa idea, en principio, va en la dirección correcta.

Ahora bien, la meritocracia no debe ser una palabra vacía. Para que funcione, necesita tres cosas: reglas claras, criterios objetivos y control público. Si el Banco Nacional de Talentos se limita a recibir hojas de vida, será una base de datos más. Pero si sirve para identificar perfiles, comparar capacidades, abrir oportunidades y reducir la palanca política, entonces puede convertirse en un golpe directo contra la rosca.

Aquí hay un mensaje de derecha republicana muy claro: el Estado no tiene que ser más grande para servir mejor; tiene que ser más serio, más austero, más técnico y más respetuoso del mérito. La meritocracia no contradice la autoridad. La fortalece. Porque una autoridad rodeada de personas capaces decide mejor y gobierna mejor.

Si quieres aplicar con tu hoja de vida al banco de talentos del gobierno del Tigre Abelardo De La Espriella ingresa al sitio oficial !aquí

Lo jurídico: la Constitución ya habla de mérito

Este punto no nace de la nada. La Constitución Política de Colombia ya contiene una base clara para hablar de meritocracia en el empleo público. El artículo 125 establece que los empleos en los órganos y entidades del Estado son de carrera, salvo excepciones constitucionales o legales, y que el ingreso y ascenso en cargos de carrera se hacen previo cumplimiento de requisitos y condiciones para determinar méritos y calidades de los aspirantes. Esa norma puede revisarse en el Gestor Normativo de Función Pública: Constitución Política, artículo 125.

Además, el artículo 209 dice que la función administrativa está al servicio de los intereses generales y se desarrolla con principios como igualdad, moralidad, eficacia, economía, celeridad, imparcialidad y publicidad. Es decir, la administración no existe para alimentar roscas, sino para servir al interés general. Fuente: Constitución Política, artículo 209.

Y la Ley 909 de 2004, que regula empleo público, carrera administrativa y gerencia pública, también refuerza este camino. Esa ley señala que la función pública debe desarrollarse con principios como igualdad, mérito, moralidad, eficacia, economía, imparcialidad, transparencia, celeridad y publicidad. También indica que el mérito, las calidades personales y la capacidad profesional son elementos sustantivos en los procesos de selección del personal que integra la función pública. Fuente: Ley 909 de 2004, Función Pública.

Entonces, cuando se habla de meritocracia, no estamos hablando simplemente de una frase bonita. Estamos hablando de una idea que tiene respaldo constitucional y legal: el Estado debe buscar a los mejores, no a los más recomendados.

Dicho en palabras sencillas

Pongámoslo fácil: la rosca es cuando el puesto se lo dan al amigo del amigo. La meritocracia es cuando el puesto se lo gana quien sabe hacer el trabajo.

La rosca pregunta: “¿Quién lo recomendó?”. La meritocracia pregunta: “¿Qué sabe hacer?”. La rosca mira el contacto. La meritocracia mira la hoja de vida, la experiencia, el conocimiento, la disciplina y la vocación de servicio.

Si una persona humilde, trabajadora, estudiosa y capaz puede aspirar a servirle al país sin tener padrino político, eso es una buena noticia. Si una mujer técnica con experiencia real llega a una responsabilidad pública porque sabe del tema, eso es una buena noticia. Si un joven de región puede registrar su hoja de vida y competir por mérito, eso es una buena noticia.

Eso es lo que muchas personas entienden sin necesidad de tecnicismos: menos palanca, más talento. Menos rosca, más meritocracia.

Una idea para mirar: Moneyball y el talento invisible

Para entender esta lógica, vale la pena mirar una película como Moneyball. La historia muestra cómo una organización puede encontrar talento donde otros no lo ven, usando datos, criterio y método. No es una película sobre política colombiana, claro está, pero sirve como analogía: a veces los mejores no están en la vitrina de siempre. A veces el talento está escondido porque el sistema no sabe buscarlo.

Eso mismo puede pasar con Colombia. Hay talento en las regiones, en las universidades públicas, en los técnicos, en los profesionales con experiencia silenciosa, en los colombianos que se fueron al exterior y quieren aportar. Una política seria de meritocracia debe mirar ahí.

También puede ser útil leer debates sobre mérito, incluso los críticos, porque ayudan a evitar que la meritocracia se vuelva arrogancia. Un libro como La tiranía del mérito, de Michael Sandel, sirve para recordar que el mérito debe ir acompañado de humanidad, oportunidades reales y sentido de comunidad. Pero una cosa es reconocer esos matices y otra muy distinta justificar la rosca. La rosca no es justicia social. La rosca es privilegio disfrazado.

ROARRR: que el talento le gane a la palanca

Aquí cabe un ROARRR bien puesto. Porque si el Banco Nacional de Talentos logra abrir puertas, ordenar perfiles y poner a competir a la gente por capacidad, estaremos ante una señal positiva del nuevo gobierno.

ROARRR por la meritocracia. ROARRR por el colombiano capaz que no tenía padrino. ROARRR por el profesional de provincia que merece ser visto. ROARRR por el técnico serio, por la mujer preparada, por el joven disciplinado, por el servidor público que entiende que la patria se honra trabajando.

Esta no es una pelea menor. Decir adiós a la rosca es decir adiós a una cultura de mediocridad política. Darle la bienvenida a la meritocracia es defender un Estado al servicio del ciudadano, no de los clanes burocráticos.

Cierre

Mi posición es clara: apoyo esta orientación. Apoyo que el gobierno de Abelardo de la Espriella ponga el mérito en el centro del discurso y, ojalá, de la acción. Apoyo que se hable de talento, capacidad, transparencia y servicio. Apoyo que se rompa la idea de que el Estado pertenece a los recomendados de siempre.

Pero también digo algo: la meritocracia se prueba con hechos. El Banco Nacional de Talentos debe ser transparente, auditable, serio y útil. Si se convierte en una herramienta real para encontrar talento y reducir la palanca, será una victoria institucional. Si se queda en discurso, se perderá una oportunidad histórica.

Por ahora, el mensaje es potente: adiós a la rosca, bienvenida la meritocracia. Colombia necesita menos recomendados y más preparados. Menos cuotas y más resultados. Menos politiquería y más patria.

Firmes por la patria.

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