Abelardo apoya a Deluque: el ajedrez del Senado que el Centro Democrático debe entender (2026)

Abelardo apoya a Deluque para la presidencia del Senado
El Dr. Alex respalda la estrategia de Abelardo de la Espriella para construir gobernabilidad en el Senado.

Abelardo por el Senado con Deluque, pero el Centro Democrático por Honorio. La disputa es legítima, pero la derecha debe decidir si quiere ganar una silla durante un año o construir la gobernabilidad necesaria para transformar a Colombia durante cuatro.

Abelardo apoya a Deluque y esta columna explica por qué esa jugada puede proteger el mandato que los colombianos entregaron en las urnas.

Contenido

  • Qué se está decidiendo realmente
  • El derecho del Centro Democrático y su responsabilidad política
  • El límite que la derecha no debería cruzar
  • Por qué Abelardo apoya a Deluque
  • El ajedrez que muchos colombianos no ven
  • Qué dice la Constitución y la Ley Quinta
  • ¿Es una situación inédita?
  • Dicho en palabras sencillas
  • Lo que esta decisión significa para Colombia

Qué se está decidiendo realmente

El 20 de julio no se elegirá solamente al senador que dirigirá unas sesiones, concederá el uso de la palabra y ocupará una dignidad protocolaria. El Senado elegirá al presidente de su Mesa Directiva para el primer año del periodo legislativo 2026-2027, justamente cuando el nuevo gobierno necesitará organizar sus mayorías y tramitar sus proyectos más importantes.

La explicación oficial del Senado recuerda que la elección se hace mediante voto secreto y que la corporación actúa con autonomía. Por tanto, el presidente electo Abelardo de la Espriella no designa al presidente del Senado. Lo que puede hacer, como líder político de una coalición de gobierno, es respaldar una candidatura que considere adecuada para facilitar una agenda legislativa.

Abelardo apoya a Deluque porque entiende que el primer año no admite improvisaciones. El senador Alfredo Deluque, del Partido de la U, ha ido reuniendo apoyos de distintas bancadas. El Partido Liberal anunció oficialmente su respaldo y, según El Universal, esa decisión sumaría trece votos liberales a su aspiración.

Al otro lado está Honorio Henríquez, candidato del Centro Democrático y dirigente con trayectoria parlamentaria. Su postulación es legal, legítima y políticamente comprensible. El problema no es que exista otro candidato de derecha. El problema es convertir una aspiración legítima en una batalla que fracture al sector político que acaba de recibir el mandato de gobernar.

El derecho del Centro Democrático y su responsabilidad política

El Centro Democrático tiene derecho a proponer a Honorio Henríquez. Nadie puede pedirle que renuncie a su identidad, a sus cuadros o a sus aspiraciones. También es cierto que se declaró partido de gobierno por su afinidad programática con el proyecto de Abelardo de la Espriella. Esa decisión crea una responsabilidad política adicional: ayudar a que el gobierno empiece con una coalición funcional.

Que Abelardo apoya a Deluque debe entenderse dentro de esa lógica de coalición y no como una orden al Congreso. Es una señal política sobre la fórmula que el presidente electo considera más útil para iniciar su mandato con capacidad legislativa.

Ser partido de gobierno no significa obediencia ciega. Significa coordinación, lealtad programática y capacidad para diferenciar entre una convicción esencial y una disputa por un cargo temporal. La presidencia del Senado dura un año y la Mesa se renueva en cada legislatura. El Centro Democrático tendrá otros momentos para reclamar espacios y demostrar liderazgo.

Por eso mi pregunta es sencilla: ¿vale la pena tensionar la coalición por una presidencia anual cuando está en juego la viabilidad de las reformas que millones de colombianos eligieron?

Abelardo apoya a Deluque como una jugada de gobernabilidad. El Centro Democrático puede defender a Honorio, pero también debería medir el costo de llevar esa competencia hasta un punto en el que la derecha llegue dividida a la instalación del Congreso.

El límite que la derecha no debería cruzar

Durante varios días circularon versiones según las cuales sectores del Centro Democrático estarían buscando votos del Pacto Histórico para impulsar a Honorio. Esa versión no debe presentarse como un hecho probado. El propio partido la negó de manera expresa.

Infobae informó sobre el desmentido y recogió la afirmación de dirigentes del Centro Democrático de que no existían reuniones ni autorizaciones para negociar ese respaldo. Gabriel Vallejo reiteró después en Blu Radio que la elección debía darse a voto limpio y que, si perdían, aceptarían el resultado.

Esa precisión importa. Una coincidencia de votos en una elección secreta no demuestra por sí sola una alianza. Tampoco sería serio acusar al partido de un acuerdo que oficialmente ha negado.

Pero la advertencia política sí es válida: si para derrotar al candidato respaldado por Abelardo se llegara a negociar con el Pacto Histórico, la contradicción sería enorme. No se puede pedir el voto de la derecha para cambiar el rumbo del país y luego asociarse con el principal bloque opositor únicamente para controlar una dignidad parlamentaria.

Que Abelardo apoya a Deluque no convierte en ilegítima la candidatura de Honorio. Lo que obliga a examinar es si la manera de sostenerla fortalece al gobierno de derecha o termina dependiendo de quienes fueron derrotados con un programa político contrario.

Una cosa es garantizarle derechos a la oposición, como corresponde en una democracia. Otra muy diferente sería entregarle capacidad de arbitraje sobre una pelea interna de la coalición de gobierno. La primera es republicanismo. La segunda sería torpeza estratégica.

Por qué Abelardo apoya a Deluque

Abelardo apoya a Deluque porque gobernar requiere convertir votos electorales en mayorías legislativas. Una victoria presidencial entrega legitimidad, pero no aprueba automáticamente una sola ley. Para sacar adelante reformas de seguridad, justicia, economía, mérito y fortalecimiento institucional se necesita concertación dentro del Congreso.

Algunas personas confunden concertar con entregar principios. No son lo mismo. Concertar es construir una mayoría pública alrededor de un programa conocido. Entregar principios sería esconder acuerdos, repartir favores o cambiar el mandato recibido para complacer intereses particulares.

El respaldo a Deluque puede leerse como una decisión pragmática: reunir a las bancadas capaces de acompañar el inicio del gobierno y evitar que la primera prueba legislativa termine convertida en una demostración de desorden.

Según Semana, la candidatura de Deluque cuenta con el respaldo del presidente electo, mientras Honorio recibe el impulso del expresidente Álvaro Uribe. La diferencia no tiene que convertirse en una ruptura personal. Es una prueba de madurez para dos fuerzas que comparten buena parte del electorado de derecha.

Abelardo apoya a Deluque y yo respaldo esa decisión porque el gobernante elegido tiene el deber de organizar las condiciones políticas necesarias para cumplir su programa. No se trata de humillar al Centro Democrático ni de desconocer a Honorio. Se trata de ordenar prioridades.

El ajedrez que muchos colombianos no ven

La política legislativa se parece al ajedrez: una pieza puede ser valiosa y, aun así, no ser la indicada para la jugada inmediata. Quien solo mira la silla cree que la disputa consiste en escoger entre dos nombres. Quien mira el tablero entiende que la Mesa Directiva influye en la conducción de los debates, el orden institucional y la relación entre las bancadas.

Pongámoslo en un ejemplo cotidiano. Una empresa acaba de elegir un nuevo director y tiene cien días para ejecutar su plan. Dos socios que dicen respaldarlo discuten por quién presidirá la primera reunión. Si uno amenaza con buscar al competidor de la empresa para imponerse, ya no está defendiendo una simple silla: está poniendo en riesgo el plan que afirmó apoyar.

Eso es lo que muchos no están viendo. La pregunta central no es quién merece más el cargo. La pregunta es quién puede contribuir mejor, en este primer año, a que el mandato electoral llegue al Congreso sin quedar atrapado en una guerra de egos.

Short relacionado con declaración de Rodrigo Lara Ministro del Interior designado:

Qué dice la Constitución y la Ley Quinta

El artículo 135 de la Constitución reconoce a cada cámara la facultad de elegir su Mesa Directiva. La Ley 5 de 1992, reglamento del Congreso, desarrolla su composición, periodo y elección.

La Mesa del Senado está integrada por un presidente y dos vicepresidentes, elegidos por un año. Además, sus integrantes no pueden ser reelegidos en la misma dignidad dentro del mismo cuatrienio. Esa rotación demuestra que ningún partido queda excluido para siempre por no ocupar la presidencia durante la primera legislatura.

También existe una garantía para que la oposición ocupe una de las vicepresidencias. Por eso apoyar una Mesa coherente con el gobierno no significa borrar el pluralismo. La democracia exige oposición con garantías y gobierno con capacidad de gobernar.

Abelardo apoya a Deluque, pero la decisión final corresponde a los senadores. Reconocer esa autonomía no debilita el liderazgo presidencial; lo vuelve institucionalmente responsable.

¿Es una situación inédita?

No es inédito que varios partidos disputen la presidencia del Senado ni que el gobierno electo promueva una candidatura cercana. Las Mesas Directivas siempre han sido espacios de negociación política.

Que Abelardo apoya a Deluque tampoco es un hecho inédito: los gobiernos entrantes suelen respaldar una opción capaz de ordenar su coalición. Lo singular de este episodio es que la competencia enfrenta a dos candidaturas vinculadas con sectores que se reconocen dentro del campo de gobierno.

Lo poco frecuente es que la primera elección de un nuevo Congreso y un nuevo gobierno llegue tan abiertamente dividida entre dos candidaturas asociadas con sectores de derecha. En el primer año suele buscarse un acuerdo amplio porque es el momento de mayor capital político del Ejecutivo.

El antecedente útil no es una copia exacta, sino una lección. En 2018, Álvaro Uribe habló de construir una coalición amplia, generosa y estable para apoyar al presidente Iván Duque. Esa idea sigue siendo válida: una fuerza de gobierno puede defender su identidad sin convertir cada dignidad en una prueba de supervivencia.

Dicho en palabras sencillas

El Senado va a escoger a la persona que dirigirá sus debates durante un año. Abelardo quiere a Deluque porque cree que puede ayudar a reunir los votos necesarios para tramitar las leyes del nuevo gobierno. El Centro Democrático quiere a Honorio, y tiene derecho a postularlo. Hasta ahí, todo es normal. Lo que no tendría sentido sería que un partido que se declaró de gobierno terminara dependiendo del Pacto Histórico para derrotar al candidato respaldado por ese mismo gobierno. El partido ha negado que esté haciendo esa negociación, y hay que reconocerlo. Ahora la derecha debe competir con limpieza, aceptar el resultado y recordar que la prioridad no es una silla: es cumplirle al país.

En pocas palabras, Abelardo apoya a Deluque porque considera que esa candidatura puede reunir mejor a la mayoría que necesita para gobernar. No es un cheque en blanco ni una imposición: es una decisión estratégica dentro de un Congreso que conserva la última palabra.

Lo que esta decisión significa para Colombia

Si Abelardo apoya a Deluque y logra articular una mayoría transparente, Colombia recibirá una primera señal de gobernabilidad. El Ejecutivo podrá presentar su agenda ante un Congreso donde existan reglas claras, canales de diálogo y una coalición capaz de asumir responsabilidades.

Si la derecha convierte la elección en una pelea interminable, la oposición ganará un poder que no obtuvo en las urnas: el de arbitrar las divisiones de quienes sí fueron elegidos para cambiar el rumbo.

Esta discusión no debe resolverse con insultos ni con acusaciones ligeras. Honorio merece respeto. El Centro Democrático merece reconocimiento por su papel en la defensa de ideas de derecha. Pero el liderazgo también se demuestra sabiendo cuándo competir y cuándo construir.

Yo estoy con la decisión del Tigre. Abelardo apoya a Deluque porque necesita un Congreso apto para sacar adelante sus proyectos de ley. El Centro Democrático tendrá su momento; lo que Colombia no tiene es tiempo para perder el primer año en una disputa que puede resolverse con grandeza.

La derecha no llegó al gobierno para repartirse un triunfo. Llegó para gobernar. Y gobernar, a veces, exige mirar todo el tablero antes de mover una sola pieza.

Para profundizar

El libro Cómo mueren las democracias, de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, ayuda a comprender por qué las reglas, las coaliciones y la contención institucional importan incluso entre adversarios. Como referencia audiovisual, Lincoln muestra el trabajo político necesario para convertir una convicción en una mayoría legislativa. Su disponibilidad depende de cada plataforma.

También puedes leer mi análisis sobre la meritocracia frente a la rosca y la importancia de una comunicación oficial sin rumores.

Frase destacada: La derecha no debe ganar una silla y perder el tablero de la gobernabilidad.

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