
Voceros oficiales: 3 razones para decir adiós al chisme zurdo
Hay decisiones que parecen menores, pero dicen mucho sobre el estilo de un gobierno. La creación o designación de voceros oficiales alrededor de Abelardo De la Espriella, según la noticia publicada por El Colombiano, me parece una decisión acertada, estratégica y necesaria.
Y lo digo sin rodeos: adiós al chisme zurdo.
No porque la crítica deba desaparecer. En una democracia la crítica es necesaria. Pero una cosa es la crítica seria y otra muy distinta es la fábrica de rumores, sospechas, titulares torcidos y versiones sin responsable. Cuando un gobierno no tiene vocería clara, cualquier persona se inventa una “fuente cercana”, cualquier contradictor monta una novela y cualquier sector interesado convierte la comunicación pública en un teléfono roto.
Por eso me gusta la figura de portavoces oficiales. Porque obliga a que la posición del gobierno tenga nombre, canal, responsabilidad y línea institucional.
El poder también se comunica
Gobernar no es solo firmar decretos, nombrar ministros o tomar decisiones. Gobernar también es explicar. Y explicar bien es parte de la autoridad.
Un gobierno que no comunica con claridad deja el campo abierto para que otros le escriban el libreto. Y si ese libreto lo escriben adversarios ideológicos, activistas disfrazados de analistas o medios acostumbrados a titular con veneno, entonces el ciudadano termina oyendo más ruido que verdad.
La vocería oficial no elimina el debate. Lo ordena. No reemplaza a los periodistas. Les da una fuente concreta. No silencia a la oposición. La obliga a discutir sobre posiciones verificables y no sobre cuentos de corredor.
En ese sentido, la decisión apunta en la dirección correcta: menos chisme, más posición oficial; menos interpretación torcida, más responsabilidad pública.
La seguridad del gobierno del tigre también implica una comunicación precisa.
El ejemplo de Estados Unidos
En Estados Unidos la figura de Voceros oficiales no es un adorno. La Casa Blanca tiene una estructura de comunicación pública visible, con comunicados, ruedas de prensa, declaraciones y una sala institucional para relacionarse con los medios. La página oficial de la Casa Blanca organiza comunicados, declaraciones, acciones presidenciales y mensajes oficiales como parte normal del funcionamiento del Ejecutivo.
También existe la figura del secretario o secretaria de prensa de la Casa Blanca. En enero de 2025, por ejemplo, AP News registró el debut de Karoline Leavitt como secretaria de prensa, en una dinámica donde la vocería no se limita a contestar preguntas: también fija agenda, organiza mensajes y abre canales de comunicación con medios tradicionales y nuevos medios.
Incluso Politico reportó cómo esa vocería buscó ampliar el acceso a medios no tradicionales, blogueros e influenciadores. Ese punto es importante: en la era digital, la comunicación oficial ya no puede depender únicamente de los grandes medios. También debe hablarle al ciudadano que se informa por redes, videos cortos, columnas digitales y canales independientes.
Colombia tiene que aprender de eso. No para copiarlo todo, sino para entender una idea básica: si el Estado y el gobierno no comunican con disciplina, otros comunicarán por ellos.
Una defensa institucional, no una mordaza
Aquí la izquierda suele hacer una trampa. Cuando un gobierno de derecha quiere ordenar su comunicación, gritan “censura”. Pero cuando la izquierda instala relato, militancia comunicativa, bodegas ideológicas y presión mediática, lo llaman “pedagogía”.
No. La vocería oficial no es censura. Es responsabilidad.
Censura sería impedir que la prensa pregunte. Vocería es decir: “esta es la posición oficial”. Censura sería perseguir al contradictor. Vocería es poner una fuente autorizada. Censura sería ocultar información pública. Vocería es ordenar el mensaje para que el ciudadano sepa qué es cierto, qué es interpretación y qué es simple rumor.
Desde una mirada republicana, la palabra del gobierno debe tener peso institucional. No puede quedar perdida entre filtraciones, intereses, egos y micrófonos improvisados.
ROARRR del Dr. Alex
ROARRR, porque esta es una jugada positiva.
Cuando un proyecto político de derecha entiende que la comunicación también es campo de batalla, va por buen camino. No basta tener razón: hay que explicarla. No basta tomar decisiones: hay que defenderlas. No basta gobernar: hay que impedir que el adversario convierta cada acto de gobierno en una caricatura.
Si Abelardo De la Espriella y su equipo ordenan una vocería seria, clara y disciplinada, eso fortalece autoridad, reduce ruido y protege al ciudadano del veneno diario del chisme político.
Dicho en palabras sencillas
Esto es fácil de entender: si en una familia nadie sabe quién habla en nombre de la casa, cada vecino inventa una versión distinta. Lo mismo pasa en un gobierno. Si no hay voceros oficiales, aparecen rumores, cuentos y frases sacadas de contexto. Pero si hay una persona autorizada para explicar qué piensa el gobierno, qué decidió y por qué lo hizo, el ciudadano entiende mejor. La oposición puede criticar, claro, pero ya no puede vivir solo del chisme. Por eso esta figura me gusta: porque pone orden en la conversación pública.
Libro recomendado
Un libro útil para entender el poder de la comunicación presidencial es The Rhetorical Presidency, de Jeffrey K. Tulis. Su tesis ayuda a comprender cómo la presidencia moderna no solo gobierna mediante actos administrativos, sino también mediante discurso público, pedagogía política y construcción de legitimidad.
Película o serie sugerida
Para entender la importancia de los equipos de comunicación, voceros, ruedas de prensa y manejo de crisis, puede servir The West Wing, si está disponible en tu plataforma (netflix u otra de streaming). No la recomiendo por su línea ideológica, sino porque muestra cómo la palabra pública del gobierno se prepara, se coordina y se defiende.
La figura de los voceros oficiales evita que el rumor reemplace la posición institucional.
El país necesita menos novela política y más institucionalidad. Menos rumor y más vocería. Menos chisme zurdo y más posición oficial.
Si la derecha quiere gobernar bien, debe comunicar bien. Y si Abelardo entiende que cada decisión necesita defensa, explicación y canal oficial, entonces estamos viendo algo más que una estrategia de prensa: estamos viendo una forma de construir autoridad.